Tati

Para mí el yoga es unión con el amor en mayúsculas, amor incondicional.

 

Conocí la práctica de Yin Yoga en la formación de Hatha Vinyasa, de la mano de mi buena amiga Mariona Royo, y decidí entonces hacer la formación porque sentí que tenía mucho que ofrecer. Como yo lo vivo, el yin yoga es una práctica que nos ofrece tiempo y espacio en contacto directo con nuestras sensaciones. Estimular la fascia a través de una suave tensión va más allá de una mera sensación corporal; todo aquello que no percibimos en el día a día se despliega ante nosotros para que lo podamos observar.

 

A través de la práctica de yin se adquiere una gran capacidad de observación, con la que podemos observar desde sensaciones físicas hasta patrones mentales o cargas innecesarias que, con paciencia, podemos aprender a soltar.

 

Lo que más valoro de la práctica de yoga en todas sus disciplinas es que, a través de la intención de escucha y de respeto, nos lleva a aceptarnos y a amarnos, no sólo a nosotros mismos, sino a todos los seres.

 

“Suelta todo aquello que no eres, para ser quien realmente eres”  Swamini Pramananda (Ammaji)